1.- ÁNGELA
Ángela es una niña que hace poco se ha quedado huérfana.
Ella vivía con sus padres y su abuelo en las afueras de la ciudad en una bonita casa de madera, rodeada por un gran valle cubierto de flores en primavera y nieve en invierno; cuando era invierno y el lago se congelaba, ella sacaba sus patines y salía a patinar con los animales que por allí vivían; y cuando era primavera, le gustaba echarse en el suelo, oler las flores y observar cómo los animales cuidaban a las crías que acababan de nacer.
En el valle había una montaña llamada ''La montaña misteriosa'', de la que caía una enorme cascada, la cual ella sabía que guardaba un magnífico secreto que solo un único humano en la tierra lo conocía: su abuelo Martín; el que le contaba las historias más maravillosas pero ciertas que podrías imaginar. Pero aún así nunca pudo revelarle el verdadero secreto que se escondía detrás de esa cascada.
No obstante, cuando su abuelo enfermó hizo que Ángela entrara en su cuarto y cuando nadie escuchaba, le dio un amuleto que siempre había llevado colgado del cuello, al menos, desde que Ángela lo recordaba en su memoria.
Su abuelo le dijo que confiaba en que ella sabría cuidarlo y protegerlo mejor que nadie, pero cuando se dispuso a decirle algo que era de verdad muy, muy importante, sus ojos se cerraron y sus manos se debilitaron, cayendo encima de su pecho, dejando solamente el suave sonido de su respiración y la imagen de unos ojos cansados que se cerraban y que nunca más volverían a ver la luz, y que solo le dieron fuerzas para hacer algo que Ángela nunca había tenido la oportunidad de ver en su abuelo: él brilló, de tal forma que a Ángela se le cerraron los ojos, pero cuando los fue a abrir, ya no vio la brillante mirada de su querido abuelo, sino que vio a dos seres muy extraños que parecían llorar al lado de su abuelo.
-¡Basta! ¡Dejadle en paz!-Ángela ya no sabía que decía.
-¿Quién eres tú? ¿Y por qué puedes vernos?-dijo Aquarel algo asustada.
-Debió de ser Astur, cuando sentí esa luz me pareció que…-Flora fue interrumpida por Aquarel.
-Sí, debió hacer que esta chica ocupase su lugar.
-Pero ¿qué está pasando aquí?-dijo Ángela perpleja.
-Te lo explicaremos. Ángela ¿verdad?
-Sí
-Mira, tu abuelo nos estaba ayudando a proteger nuestro mundo de los malvados humanos que hay en este mundo. ¿Ves el amuleto que te cuelga del cuello?
-¿Eh? Pero si es el amuleto que siempre llevaba mi abuelo. Nunca se lo quitaba para nada. La verdad, cada vez que yo intentaba preguntarle qué era, él me cambiaba de tema…
-Exacto él no podía decírtelo.-dijo Flora.
-Era un gran secreto, y que ahora proteges tú.
-Y ¿para qué es?
-Es para que protejas nuestro mundo mágico.
-Detrás de la cascada se esconde un gran secreto…
-Es verdad, el abuelo me habló varias veces de eso, pero siempre creí que se lo inventaba todo, que eran historias para entretenerme…
-Shh. Escúchame. Ese secreto igual que todas las historias que te contó tu abuelo son verdad y no debes contárselo a nadie.
-Pero ¿por qué?
-Pues principalmente porque tu abuelo confiaba en ti y si él lo hacía nosotros también por lo tanto no nos falles por favor-dijo Aquarel con su voz chillona.
-Vale pero contadme algo más de ese secreto tan grande y ¿por qué mi abuelo llevaba este amuleto…?
-Mira, ese amuleto le ha permitido a tu abuelo empezar a formar parte de nuestro mundo cuando muriera. Y si tú lo tratas bien, guardas nuestro secreto y nos ayudas a volver para que todo vuelva a ser como antes, también podrás formar parte de él y volver a ver a tu abuelo.
-¿Volver a ver al abuelo Martín? Será fantástico…Pero, a dónde dices que tenéis que volver y ¿qué tiene que volver a ser como antes?
-Te contaré todo lo que pasó-le dijo Aquarel, aparentando estar a un poco harta de tantas preguntas- Hace mucho tiempo el pueblo de los Brástides vivía tranquilo y feliz, cuidábamos del bosque, ayudábamos a los animales y jugueteábamos saltando de nenúfar en nenúfar del lago “Turquesa” y entre la hierba más alta bajo el refrescante tintineo del rocío que deja la mañana cuando sale el sol.
Pero no solamente nos divertíamos, también teníamos que trabajar en la cueva: buscando provisiones para el invierno, cuidar de los pequeños a los que aún no se les permite salir de la cueva…- Aquarel fue interrumpida por Ángela otra vez.
-¿Por qué no se les permitía salir a los pequeños?-dijo intrigada por la historia que le estaban contando.
-¡Basta ya, estoy harta! Mucha pregunta y después no se calla ni un minuto-gritó Aquarel enfurecida.
-Tranquilízate Aquarel, yo seguiré la historia hasta que te calmes un poco. Ángela cada cosa a su tiempo, ya te lo explicaré más adelante. Cada Brástid está emparejado con un compañero o compañera de “salida”, es decir, que para salir de la cueva necesitamos un compañero.
Ángela estuvo a punto de volver a hacer otra de sus preguntas, pero supuso que cada cosa se la explicarían en su momento, así que se calló.
-Un día, Aquarel y yo estábamos jugando entre las rosas del descampado que hay justo encima de la cascada.
De repente escuchamos un sonido completamente desconocido a nuestros oídos: el motor de un coche.
Para nosotros era una clara amenaza, por supuesto, por lo tanto, en cuanto oímos sonar la alarma se formó una gran nube de Brástides entrando en la cueva.
Todos tenían tanto miedo que ni los más valientes guerreros se atrevieron a salir fuera para ver si el peligro había pasado; aún cuando ya había pasado un día completo.
Así que nosotras dos nos ofrecimos como voluntarias para salir afuera…
…-¡Espera un momento! Yo fui la que nos ofreció para salir, hasta recuerdo esa mirada de caníbal que pusiste nada más yo hacer esa propuesta.
-Es cierto, al principio tuve un poco de miedo, pero la verdad es que al final acabé por aceptar y eso también se cuenta como que me ofrecí voluntaria. Bueno, sigamos con lo que importa que nos desviamos. Como te iba diciendo, Aquarel y yo nos ofrecimos voluntarias para ir a ver qué pasaba.
Se oyó un leve murmullo de parte de Aquarel pero esta vez Flora no le hizo caso para no tener que volver a interrumpir la historia.
-Cuando salimos de la cueva, casi nos caímos del susto que nos pegamos: justo encima de la colina que hay cerca de la cascada había un montón de humanos con máquinas enormes, tan grandes que superaban la altura de los árboles, temblando casi damos media vuelta pero decidimos seguir adelante para ver qué estaba pasando.
Cuando nos acercamos un poco más, nos dimos cuenta de que los humanos estaban construyendo lo que vosotros llamáis edificios.
Decidimos acercarnos lo más que pudiéramos para poder percatarnos mejor de todo, pero creo que eso fue lo peor que pudimos hacer, nos enteramos de algo horrible y que seguramente ni nosotras ni todo el conjunto de Brástides podrían hallar solución: los humanos pensaban construir una gran ciudad llena de edificios, monumentos, carreteras, coches…
Todo parecía perdido.
Ya habían pasado dos meses, y las obras avanzaban más rápido que nuestras ideas y empezamos a sospechar que allanarían el terreno, que construirían presas y que al final descubrirían nuestro mundo y todos nuestros secretos.
Pero aún así, lo peor no eran los humanos, sino los Lairots, los más malvados de todos los enemigos que uno podría tener. Ellos no tenían piedad y sabían de nuestro secreto y por supuesto querían averiguar qué era. También sabían que no nos sería fácil defendernos a la próxima vez que nos atacasen porque en la última defensa nos vimos obligados a dar lo más de nosotros, los derrotamos pero solo le hicimos un par de arañazos.
Aquarel llevaba un buen rato callada, e intentó hacer lo mismo esta vez pero no pudo contenerse:
-¡Para Flora! Con esos comentarios tuyos parece que estés demostrando que los Brástides no tengamos fuerza ni valor para enfrentarnos a los Lairots.”No podremos defendernos en el próximo asalto”, “Solo les hicimos unos arañazos”…
-¡Tus comentarios sí que me están poniendo de los nervios Aquarel! Es cierto que somos muy fuertes y que les derrotamos, pero no puedes negar que nos quedamos muy débiles después del último asalto y que para que hayan vuelto a pensar en atacarnos pronto casi inmediatamente después de acabase la batalla, no debemos haberles hecho muchos estragos… Es más el único estrago grave que les hemos hecho durante todos estos siglos es el ser el único pueblo que ha logrado vencerles en todas (excepto una) las batallas. Eso les ha hecho perder reputación, y aunque sigan siendo los más temidos de todos los bárbaros, no se les teme de la misma forma que antes; incluso ha empezado a pensar que nos temen más a nosotros…
-Por supuesto que se nos teme más a nosotros, porque siempre(excepto una vez) los hemos vencido, por lo tanto somos mucho más fuertes que ellos.
-Sigamos con la historia ¿quieres?
-Sí, pero ahora la sigo yo, ¿vale?
Aquarel ni siquiera esperó respuesta de Flora, porque fue terminar la frase y ya estaba siguiendo la historia.
-En fin, que decidimos seguir averiguando un poco más antes de ir a dar la alerta.
Por suerte descubrimos que tanto escándalo era por un matrimonio que iba a construir una casa de campo. Las grandes máquinas eran los coches que traían los amigos del matrimonio.
Tenían un apuesto muchacho como hijo: tu abuelo.
Ángela se había mantenido expectante durante toda la historia, incluso en medio de las disputas de Flora y Aquarel, pero esta vez no pudo contenerse:
-¿Apuesto muchacho mi abuelo? ¡Venga ya!
-Sí, era un apuesto muchacho, lo que pasa es que tú no lo has conocido joven-explicó Flora-.
-Bueno sigo-dijo Aquarel impaciente-, era muy guapo así que nos acercamos, a Flora le parecía demasiado arriesgado e irracional, como siempre, pero, como siempre, la convencí.
En realidad lo más peligroso de esto, es que no teníamos polvos de hada para hacernos invisibles, por lo que debíamos tener cuidado.
Nos subimos a las ramas de un árbol para poder ver mejor y evitar que nos viesen.
Durante unas horas todo seguía igual, descargaban los materiales de trabajo, las herramientas, no paraban de ir de un lado a otro… Excepto tu abuelo, que había decidido ir a dar una vuelta por los alrededores para poder conocer mejor donde iba a vivir(o eso me supongo).
-Lo peor vino después- intervino Flora, ya harta de que Aquarel contase la historia-: tu abuelo estaba bajando la colina y se disponía a ir a explorar al lado de la cascada. La verdad, no podría haber descubierto nada porque desde fuera no se ve absolutamente nada de lo que hay dentro de la cascada; pero a Aquarel no se le podía convencer de nada y se lanzó como una loca derecha a Astur para pararle antes de que pudiera descubrir algo. Por lo que tu abuelo nos vio y ya no teníamos más solución que capturarlo para que no le dijera nada a nadie de lo que había ocurrido.
-¡Oye! Que fue sin querer…
-Ya pero el caso es que por tu culpa un humano nos descubrió, y todo por ser tan acelerada a los acontecimientos…
Bueno, que tuvimos que ir a por tu abuelo llevarlo hasta nuestro mundo.
-¿Y cómo lo hicisteis?-preguntó Ángela algo extrañada- Sois demasiado pequeñas como para poder llevar a un ser humano en brazos ¿no?
-Bueno rica eso es lo que tú te crees, pero lo cierto es que las hadas tenemos mucha fuerza, tal, que podemos levantarlo hasta ahora de adulto.
-¡Ha! Demuéstralo-dijo Ángela con tono burlón-.
En ese momento, tanto Flora como Aquarel, se rodearon de una fina y suave a la vista capa de luz y levantaron a Martín como si sacaran la fuerza de un toro.
-¡Vaya!-exclamó Ángela sorprendida- ¿Cómo es posible que vosotras dos seáis tan pequeñas y a la vez tan fuertes?
-Bueno Ángela la verdad es que ya no tenemos la misma fuerza ni las mismas habilidades que teníamos hace 85 años...-explicó Flora-.
-Y ¿por qué? ¿Qué pasó?
-Verás te lo contaré poco a poco para que lo entiendas Ángela:
Mientras lo Brástides teníamos encerrado a tu abuelo, nos fuimos dando cuenta poco a poco de que no sería una amenaza para nosotros, es más, podría ser el aliado que hacía tiempo estábamos buscando: un humano que pudiera proteger ese amuleto de tal forma que nuestros enemigos no pudiesen encontrar la llave.
-¿Qué llave?
-La que permite abrir las puertas del control de la vida terrestre y puede hacer que todo cuanto el poseedor de la llave quiera, pueda ser mucho mejor de lo que es. Pero igual que sirve para hacer el bien, también puede hacer mucho mal dependiendo de quién lo tenga en sus manos…
-Entonces, este amuleto no sólo es una llave de entrada al mundo de los Brástides, sino que también es la llave de un tesoro muy importante que mi abuelo debía mantener seguro.
-Vaya por fin la niña va entendiendo algo de la historia…-refunfuñó Aquarel otra vez a cuento de nada-.
-Déjala Ángela, en el fondo es muy buena, pero llevamos muchas emociones fuertes en muy poco tiempo, y no es que hayan sido muy buenas, y eso le afecta bastante…
-Tranquila, estoy acostumbrada a vivir entre gruñones.
Pero, a propósito, ¿por qué dices que no tenéis las mismas habilidades que antes?
-Te lo contaré-dijo Aquarel-:
Al final, con ayuda de Astur, conseguimos que no hicieran la casa de campo en la colina cercana a la cascada, sino que la construyeron aquí.
Astur jugaba mucho con nosotras y éramos todos felices, pero cuando estábamos menos alerta que nunca, se empezó a formar una nube negra como el tizón en el cielo; en seguida supimos que eran los Lairots y todos corrimos hacia la cascada, Flora y yo intentamos advertir a tu abuelo que debía esconderse en la cascada, porque otro sitio sería igual de peligroso que estar en medio del prado, pero estaba demasiado lejos y cuando intentamos ir hacia él, nos dimos cuenta de que como siguiéramos avanzando nos atraparían a los 3, así que no nos quedó otra que refugiarnos, pero no sirvió de nada, los Lairots le robaron el amuleto original a tu abuelo y consiguieron entrar en la cascada, pero no consiguieron entrar en el refugio del tesoro, ya que para entrar, necesitan que el amuleto esté de color blanco(que demuestra que tienen la aprobación de entrar), y por supuesto estaba en rojo, lo que provocaba que fueran rechazados de inmediato; pero sabían que algún día, encontrarían la forma de entrar y apoderarse de ese tesoro tan valioso, aunque misterioso incluso para ellos.
-¿A qué os referís cuando decís que era el amuleto original…?
-A que ese amuleto que llevas del cuello ahora mismo no es el original:
Verás, cuando le robaron el amuleto a tu abuelo, él perdió por completo la posibilidad de poder entrar a la sala del tesoro. Pero aún había una esperanza: la de que nosotras uniésemos nuestros amuletos y así poder “construir” uno nuevo.
Eso no le permitiría entrar en el mundo de la cascada y mucho menos en la sala del tesoro, pero al menos podría estar con nosotros cuando le llegara el triste y doloroso momento de morir.
-¿Eso quiere decir que él ahora mismo está dentro de la cascada? ¿Cómo si nunca hubiera fallecido?
-Así es- asintió Aquarel.
-¡Entonces quiere decir que si tengo este amuleto puedo volver a verlo! Vamos ahora mismo.
Pero cuando Ángela se disponía a salir corriendo de la habitación, Flora le paró con un tirón de pelo.
-¡Ay!-se quejó Ángela llevándose las manos a la cabeza.
-Oye ¿es que tú no escuchas? Te acabamos de decir que sin el original no podrás entrar…
-Es cierto, pero mi abuelo sí podrá salir ¿no?
-Noooo-contestó Aquarel algo molesta- sin el amuleto no solo estaba privado de entrar, sino que ahora también está privado de salir, sólo con el verdadero podrá salir, y esa es tu misión: encontrar el verdadero amuleto en la próxima batalla contra los Lairots, para así poder ver por fin a tu abuelo.
-Y hay algo más-dijo Flora- el tesoro sirve para poder formar parte del mundo de los Brástides como uno más, sin él, tu abuelo no podrá convertirse en el elfo que aspiraba ser.
-Entonces qué es él exactamente en este momento-preguntó Ángela algo confusa-.
-Está dentro de la cascada, sólo que en su forma de siempre; sin embargo, cuando pueda entrar en la sala del tesoro, por fin podrá cumplir su sueño de convertirse en un elfo.
-Oye tengo una duda-dijo Ángela después de haber estado un rato pensativa- si hace tanto tiempo que suceden todas esas cosas malas, ¿por qué dices que quieres que todo vuelva a ser como antes? Por lo que yo entiendo, eso significaría volver a sufrir y a tener a cada dos por tres una guerra ¿no?
-Buena pregunta-contestó Flora-. Mira sólo te hemos contado la historia a partir de que conocimos a tu abuelo; pero no te contamos como vivíamos antes, ni como se originaron los Lairots.
-¡¿Qué pasó, qué pasó?!
-Los Brástides siempre han tenido un rey o una reina. Por una extraña razón nuestra reina murió, dejando a su esposo Mr.Candlestick sólo al frente del reino. Pero al poco tiempo el rey también murió.
Las únicas herederas al trono que quedaban eran Sara y Megan.
Sara era la más mayor, la más bella, y por supuesto era la candidata al trono; eso Megan no lo soportaba, y pronto encontró la solución para ello.
-¡Ay! No me lo digas, ya me imagino que pasó.
-Calla que si no, no puedo acabar…-dijo Flora impaciente por continuar-. Ella mató a su hermana, no interesa saber cómo, y se hizo con el derecho al trono.
Pero nadie la quería como reina ya que todos sabían lo que había hecho; ella se resignó a oír todas las quejas de los que estaban en desacuerdo y dijo lo siguiente:
-¿De verdad no queréis que sea vuestra reina? Bien, si no soy una buena reina de este pueblo, lo seré seguro de uno en que todos mis súbditos me respeten y cumplan mis órdenes.
Al día siguiente había desaparecido, nadie sabía dónde se había metido; también faltaban más Brástides: hadas, elfos… Pronto nos hicieron una visita, con la primera batalla…
A partir de ahí ya empezaron a ser nuestros mayores enemigos.
Y tu abuelo es el futuro candidato a rey…
Por fin Flora y Aquarel habían acabado de contar toda la historia del abuelo de Ángela que ella no conocía.
-Ahora entiendo todo lo que había pasado…No me lo puedo creer, todo este tiempo y yo sin prestar la más mínima atención a las historias que mi abuelo me contaba; me siento tan tonta…
-No importa Ángela, lo cierto es que ningún humano corriente se hubiera creído del todo esas historias tan fascinantes que te contaba tu abuelo.
Ángela había estado tan absorta en la historia que ni siquiera se había dado cuenta de que ya habían pasado cuatro horas.
-¡Madre mía! Qué tarde es… Seguro que mamá se preguntará qué estoy haciendo.
La verdad, me costará muchísimo decirle a la mamá que ha fallecido el abuelo…
A Ángela realmente le costó mucho hacerlo, pero al final, entre lágrimas, lo consiguió.
jueves, 6 de noviembre de 2008
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